Cronicidad, envejecimiento y dignidad: una reflexión desde la Medicina Interna en Navarra

Vivimos más años. Es, sin duda, un logro colectivo. Pero ese envejecimiento progresivo de la población trae consigo un aumento significativo de pacientes con múltiples enfermedades crónicas, fragilidad, dependencia funcional, deterioro cognitivo y una compleja realidad social. Personas que no encajan en respuestas sanitarias simples ni en estructuras asistenciales rígidas. Personas que necesitan tiempo, continuidad, mirada global y coordinación real.

Navarra es una comunidad envejecida. Los datos demográficos lo confirman y la práctica clínica diaria lo evidencia aún más. Este escenario no es una previsión futura, es una realidad presente que interpela directamente a nuestro sistema sanitario y social.

El 8 de febrero, Día de la Medicina Interna, es una fecha especialmente adecuada para reflexionar sobre cómo estamos cuidando a estos pacientes y si las respuestas que ofrecemos están realmente alineadas con sus necesidades. Porque el paciente crónico complejo no es solo un conjunto de diagnósticos médicos; es alguien que convive con la enfermedad, con limitaciones físicas, con miedo, con soledad en muchos casos, y con un entorno social que puede ser frágil o insuficiente. Atenderlo bien exige algo más que episodios asistenciales puntuales: exige un modelo de atención integral, humano y sostenido en el tiempo.

La atención sanitaria tradicional, centrada en episodios agudos y altamente tecnificados, resulta insuficiente para dar respuesta a esta realidad. En este contexto, los hospitales y centros de cuidados intermedios adquieren un papel esencial. Son espacios asistenciales diseñados para atender al paciente crónico desde una perspectiva más adecuada a su ritmo y a su complejidad, permitiendo la estabilización clínica, la recuperación funcional, la adaptación a la enfermedad y la prevención de ingresos hospitalarios repetidos.

En Navarra, el Hospital San Juan de Dios Pamplona-Tudela representa este modelo de atención. En él realizamos una labor imprescindible, muchas veces silenciosa, centrada en el cuidado del paciente crónico complejo, frágil y vulnerable. Un cuidado que no se limita al control de la enfermedad, sino que integra la dimensión funcional, emocional y social del paciente, con equipos multidisciplinares y una atención centrada verdaderamente en la persona. Más allá de nuestras paredes, procuramos también la continuidad asistencial de los pacientes, coordinando su asistencia con los centros de Atención Primaria correspondientes o con el hospital terciario.

En este sentido, ningún recurso sanitario puede funcionar de forma aislada. La experiencia diaria nos demuestra que una atención de calidad al paciente crónico solo es posible si existe una coordinación real y efectiva entre el sistema sanitario y los servicios sociales. No se puede hablar de atención integral si los determinantes sociales de la salud quedan fuera del abordaje. La soledad, la falta de apoyos familiares, la dependencia o la precariedad condicionan tanto o más la evolución clínica que muchos tratamientos.

Navarra cuenta con profesionales comprometidos y con recursos valiosos, pero sigue siendo necesario avanzar hacia modelos compartidos, con comunicación fluida entre niveles asistenciales, planificación conjunta y una visión común centrada en el paciente y no en las estructuras administrativas. El paciente crónico no entiende de fronteras entre sistemas, y su cuidado tampoco debería hacerlo.

En este escenario, los médicos de medicina Interna y demás médicos generalistas desempeñamos un papel fundamental. Somos los profesionales preparados para abordar la complejidad, integrar múltiples patologías, priorizar, coordinar cuidados y acompañar al paciente a lo largo de su proceso vital. Nuestro trabajo no siempre es visible, pero resulta clave para garantizar una atención digna, eficiente y adaptada a la realidad actual.

Reivindicar la Medicina Interna en su día no es una cuestión corporativa, sino una llamada a reconocer que el envejecimiento de la población exige cambios estructurales, recursos adecuados y un enfoque asistencial más humano y transversal. Cuidar bien al paciente crónico no es solo un reto sanitario: es una cuestión de dignidad y de responsabilidad social. Como sociedad, debemos preguntarnos si estamos ofreciendo respuestas acordes a la realidad que vivimos. El futuro no se construye solo con tecnología, sino con modelos de atención pensados para las personas reales que habitan ese futuro.

El 8 de febrero es un buen día para recordarlo, y para reafirmar el valor de los cuidados intermedios y de los profesionales que, cada día, acompañan a los pacientes más complejos de nuestra sociedad.

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Hospital San Juan de Dios Pamplona